Fotografías: Irina Moreno.

Hasta el 29 de febrero la sala Nave 73 de Madrid acoge la representación Sedom. Un pueblo llamado Pecado. Un pueblo acoge la llegada de una extranjera, una refugiada. Una madre hospeda a la forastera en su casa, donde vive con sus dos hijas. La madre debe mantener a sus hijas en aislamiento debido a una extraña alergia, cuyo costoso tratamiento ha sido pagado altruistamente por sus vecinos.

Una obra basada en las notas que un periodista tradujo del mismísimo Federico García Lorca que hoy son reinterpretadas y actualizadas de nuevo por Julio Vargas para que tanto el equipo de la obra como el propio espectador, se conozcan a sí mismos. Hablamos con él del proceso de creación de una obra basándose en un texto de estas características.

Si de aquí en adelante te gusta lo que lees, Más de Cultura te da la oportunidad de disfrutar de la obra con un acompañante.

Por eso, hemos puesto en marcha un sorteo de 1 entrada doble para la función del próximo viernes 21 de febrero a las 20:00 en Nave 73 (Madrid) ¿Te vienes?

¿Cómo participar en el sorteo?

  • Si ya eres suscriptor/a de la comunidad MDC,  tan sólo tienes que mandarnos un email a comunicacion@artegb.com con el Asunto: Sorteo SEDOM, diciéndonos cuál ha sido tu mayor pecado ¡Prometemos no chivarnos!, junto con tu nombre y apellidos.
  • Si todavía no eres suscriptor/a de MDC, conviértete en parte de la comunidad de Más de Cultura. Una vez hayas rellenado el formulario, envíanos un email a comunicacion@artegb.com con el Asunto: Sorteo SEDOM diciéndonos cuál ha sido tu mayor pecado, junto con tu nombre y apellidos.

Entre todos los mensajes que recibamos, sortearemos la entrada doble para la función de Sedom. Un pueblo llamado Pecado el 21 de febrero en Nave 73 de Madrid. Puedes participar hasta el jueves 20 de febrero a las 12:00h. 

Nave 73, Julio Vargas presenta «Sedom. Un pueblo llamado Pecado» en Nave 73

Esta obra parte de un texto que fue una intención pero no una realidad. ¿Cómo se construye entonces?

Precisamente como las notas esbozadas de García Lorca. Tampoco las sabemos de manera directa sino que han llegado a nosotros a través de una segunda voz, del periodista Rafael Martínez Nadal, al que Federico le cuenta un mes antes de su fallecimiento proyectos que tenía en mente, en un clima pre-bélico, lo que iba a pasar en el país.

A la vez esto se mezclaba con la excitación de estar ideando o imaginando una trilogía bíblica. Uno de esos capítulos quería centrarlos en la destrucción de Sodoma. El mito bíblico que está presente tanto en La Biblia como en el Corán. En varios texto sagrados.

En todos estos relatos que cuenta Martínez Nadal que le contó Federico ya había como una semilla muy potente, como telón del que tirar. Porque en ningún momento el objetivo era escribir o montar o traer la historia que no pudo ser. Sino más bien tomar eso como punto de partida para contar una historia desde hoy, desde nosotros y hacernos preguntas nuevas pero con dilemas añejos, antiguos. Son cuestionamientos de la naturaleza del alma humana, algo imperecedero.

¿Algún cuestionamiento de estos que te hayan hecho preguntarte a ti mismo cosas también durante la realización de la obra?

Sí, son dilemas que tocan en una fibra muy interna. Es un dolor que llevamos impregnado de generaciones, casi heredado.

Cuestionamientos sobre cuál es la verdadera naturaleza del ser humano. Dónde empieza el mal. Si hay que seguir existiendo sea como sea. Cuáles son las consecuencias de nuestros actos, son temas universales donde podríamos seguir escarbando y a cada uno nos despierta reflejos de nuestro día a día.

Habéis introducido ese personaje de padre o madre que varía dependiendo de la función ¿Por qué? 

Eso ha sido un proceso de creación largo a lo largo de los años. Y es algo que hemos sumado en la última fase. Supone una experimentación para todos.

Un poco el espíritu de búsqueda y de no querer fijar una idea de teatro. Que esté vivo y que sea una investigación en la propia función de los propios actores y también de todo el equipo. La idea era cambiar el sexo del personaje protagonista, dependiendo de la función sin que cambie nada más, manteniendo el texto palabra por palabra y el mismo esquema. Pero este hecho lo cambia todo.

Cambia el clima. Nos dimos cuenta de que en realidad lo único que cambiaba era el punto de vista del espectador porque traemos una serie de connotaciones unidas a los roles sociales de lo que significa la maternidad o la paternidad, la masculinidad y la feminidad, que inconscientemente al sentarte están ahí. Escenas contadas de la misma manera, el mismo texto y con dos actores que son primos hermanos en cuanto a talento porque son muy parecidos ellos dos, eso es muy complicado.

Nave 73, Julio Vargas presenta «Sedom. Un pueblo llamado Pecado» en Nave 73

Desde el propio equipo notamos que había un clima distinto, en los actos realizados por la madre, como es mujer, al público le cuesta más asumir y perdonar. Sin embargo, en el padre se entiende de una manera más natural cuando es el mismo acto y de la misma manera a la inversa, con la relación del padre y sus hijas, al verlas, ya huele algo turbio por el simple hecho de ser un padre en una familia mono parental a cargo de dos niñas.

Sin embargo, con la madre, asumías una bondad. Nos movemos en unos cuestionamientos de la estructura familiar de la maternidad o paternidad poco frecuentes. Observar el lado turbio o periférico de estas circunstancias. Era muy interesante. El ejercicio lo seguimos haciendo día a día porque cuando la gente se entera de las dos versiones o los que han podido ver las dos, hay un fuerte impacto.

Estáis de estreno en Nave 73. ¿Cómo han sido esas primeras reacciones?

El texto se ha creado a través de un laboratorio de creación. Se ha escrito y reescrito y seguimos perfilando. En nosotros está este ánimo de investigación muy presente. Nuestra idea no es llegar a tener la función ya hecha, puesta y cerrada, sino ir entendiéndola cada vez un poco más. Este paso de llegar a la sala, escuchar al público, de que entre el público y descubrirlo con el público es muy emocionante y acojonante también.

Por la incertidumbre de que el trabajo se tiene que hacer directamente frente a los espectadores que han dedicado una hora de su vida, para salir de su rutina y sentarse aquí. Es una nueva fase de entender cosas.En los momentos previos de la función hacemos un trabajo para entrar nosotros. Y justo ahí estamos entendiendo nuevos pasajes o diálogos. El público es crucial para la obra.

¿Primer recuerdo relacionado con el teatro?

Esta obra no es biográfica pero obviamente a la hora de escribirla es inconsciente lo de poner partes de tu biografía. Aquí está todo ambientado en un pueblo, por lo tanto recuerdo mi propio pueblo o si hablamos de maternidad tengo que tirar de mis referentes. No puedo implicarme de otra manera.

Hay dos figuras en la obra, que son las hijas, que padecen una extraña alergia, el síndrome de sensibilidad química múltiple que las obliga a estar en una cámara de aislamiento como niñas burbuja. Esos dos personajes van con unos trajes de aislamiento y Paco Mora, que tiene un talento increíble, ha ideado el vestuario como si fueran muñecas de trapo con una tela de saco en la cabeza.

En relación a esto, me doy cuenta de que vas tomando decisiones conscientes e inconscientes pero cuando pillas a las dos actrices en escena, con esos trajes, de repente me llevó a mi niñez. Creo que el primer recuerdo con el teatro que tengo son los juegos de niñez con mi hermano. Con los muñecos de trapo con los que yo creaba historias y cada una tenían unas voces o unas personalidades. Está ligado a los juegos infantiles.

¿Más de cultura y menos de qué?

Menos de todo lo que nos distraiga o nos lleve a estar menos despiertos. Menos televisión, menos distracciones.

Sedom. Un pueblo llamado Pecado se completa con una exposición pictórica creada por Raquel Ventosa con fotografías de Miguel Zaragoza a los actores durante el proceso creativo. Hasta el 29 de febrero a las 20:00h en Nave 73.