No sabemos si el espíritu emprendedor y ambicioso de Antonio Raimundo Ibáñez nacido en 1749 en la comarca de Oscos -Asturias, hubiera imaginado que el MoMA de Nueva York exhibiría en pleno siglo XXI parte del legado que él inició.

De espíritu ilustrado, con gusto exquisito por las Artes Plásticas, Antonio Raimundo abrió en 1806 la primera fábrica de loza en la parroquia de Sargadelos en Cervo-Lugo. Aprovechó las históricas difíciles relaciones entre España e Inglaterra, lo que supuso el fin de las importaciones de la muy demandada loza de Bristol y con cierta visión marketiniana, aprovechó el nicho de mercado y llamó a su nuevo negocio: “Real fábrica de loza a imitación de la de Bristol”.

Durante sus años de esplendor, la loza evolucionó gracias a la colaboración de artistas y artesanos de primera fila, al igual que las piezas. Además de vajillas se realizaron candelabros, platos decorativos y reconocibles esculturas cerámicas.

Como toda historia, la cerámica de Sargadelos tuvo sus picos y sus valles. Su punto más bajo llegó en 1875 cuando pleitos familiares llevaron a cerrar la fábrica.

Pero la fuerza de Sargadelos quedó latente y en 1968 un pintor, diseñador, ceramista y empresario Isaac Díaz Pardo resucitó la fábrica. Influenciado por la Bauhaus alemana, Díaz Pardo creó el Laboratorio de Formas, institución sin ánimo de lucro con el objetivo de recuperar la cultura gallega perdida.

La colaboración de artistas locales, la búsqueda de una identidad que se correspondiera con Galicia y una interpretación moderna dio lugar a un éxito abrumador.

El azul cobalto y el rojo intenso de la cerámica de Sargadelos formaron parte de una producción de más de un millón de piezas al año. Se abrieron tiendas en España, Oporto, Milán y La Habana. La fábrica de Cervo en Lugo se declaró Bien de interés cultural, con la categoría de monumento. Y Díaz Pardo fue reconocido en 2007 con la Medalla de Oro de Galicia en 2007 y posteriormente con la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes.

Ahora el MoMA de Nueva York, incorpora piezas de Sargadelos en sus Design Stores.

Elegidas por los responsables del museo, pone a disposición de los paladares más exquisitos del diseño el sueño de Antonio Raimundo Ibáñez  hecho realidad en una parroquia de Lugo.