Que una historia nos cuente el día a día de una madre enferma, con dificultades económicas, que trabaja a destajo para intentar pagar la operación de su hijo y así no quedarse ciego, nos lleva a pensar rápidamente en un telefilm de sobremesa o uno de aquellos culebrones noventeros.

Que la historia la contara Lars Von Trier en el año 2000 y ganara la Palma de Oro en Cannes y Mejor actriz para su protagonista, inolvidable y originalísima Björk, es otra dimensión.

19 años después este drama con mayúsculas vuelve y lo hace subido a las tablas. Con Marta Aledo como protagonista y con Fernando Soto como director.

Bailar en la oscuridad formó parte de la trilogía que Lars Von Trier dedicó a la tragedia sin paliativos del ser humano. Junto a Rompiendo las olas y Los idiotas, inició aquel concepto modernísimo de comienzo de segundo milenio -el Dogma– con cámara digital en mano, generando los primeros mareos entre los espectadores.

Entonces se habló de cómo el cine intentaba acercarse, con esa elección, a la realidad más cruda. Lars Von Trier lo logró con la forma y con el fondo. Pero demostró que lejos de ser un experimento, había creado obras que se han convertido en universales.

bailar en la oscuridad, Bailar en la oscuridad llega al teatro para emocionarnos de nuevo

Así ocurre siempre que se presentan pasiones, deseos e instintos puros. La historia de Selma, a día de hoy, no puede ser más actual. La crudeza de un sistema capitalista que no da tregua. El amor materno. El coraje para seguir adelante y alcanzar un objetivo. La crueldad que no deja títere con cabeza… En todos los casos nos habla de ceguera, la que también sufre la protagonista, al igual que su hijo.

Salpicando este sindiós, la música y el arte como evasión de una realidad tan perra. La única luz que encuentra Selma está en sus canciones que también sirven al espectador para relajar tensión y tener la ilusión de que algo bueno puede salir de todo aquello.

Dice Fernando Soto que en esta obra de teatro no ha querido emular a Lars Von Trier, aunque la intencionalidad sí parece ser la misma, porque ha manifestado que su deseo es que: «Esta aventura golpee un poco a los espectadores».

 

Bailar en la oscuridad

Teatro Fernando Fernán Gómez. Madrid

Hasta el 31 de marzo.