Fotografía Original: Javier Cano Medina

La calle necesita música. La vida necesita música

Décimo aniversario del Día Internacional del Perro Callejero y leo en el portal Infobae que en Argentina «15 millones de animales viven en las calles ante la ausencia de políticas estatales que los incluyan». Me suena al mismo discurso que el de las multinacionales: el arte callejero tampoco encuentra una política que lo incluya.

De Argentina vino también Flor Goldstein en 2006. Música, escritora e ilustradora, después de haberse recorrido los escenarios de Uruguay, Estados Unidos, Italia, Francia y España, entre otros países, elige las calles.

Ella es artista callejera por elección, por pasión, porque cree que es el escenario más democrático y el que es capaz de acercar el arte a cualquier persona, «incluso a aquellas que jamás se acercarían a una sala de conciertos».

Tanto es así que tras años de anécdotas y sensaciones en estos escenarios tan particulares, comenzó a escribir. Lo que empezó como un blog, hoy es un libro con el mismo título: . Flor Goldstein nos concede su tiempo para que los lectores de Más de Cultura puedan conocerla.

¿Por qué el Saxo?

El saxo es un instrumento maravilloso porque tiene unas posibilidades expresivas únicas. Esto mismo hace que al principio sea un tanto difícil de dominar, pero una vez que se pasa el primer período se llega a tener la sensación de poder cantar a través de él.

Yo comencé con la música de pequeña: primero flauta dulce en el colegio, luego unos años de piano, más adelante me regalaron un violín y me apunté al conservatorio… iba y venía entre un instrumento y otro, y de adolescente también cantaba en un grupo de rock.

La música era parte de mi vida pero no logré enfocarme realmente hasta que probé un saxofón y me enamoré, tenía ya 18 años. Entonces comencé a estudiar en serio, y a disfrutar del proceso de aprendizaje que supone dominar un instrumento. Desde entonces, el saxo es “mi voz”.

«En la calle la conexión con el público es absolutamente directa y espontánea»

Cuando empezaste a tocar en la calle, ¿Cuáles eran las sensaciones?

Las primeras impresiones fueron de sorpresa: hacía muchos años que me dedicaba profesionalmente a la música pero jamás lo había hecho en la calle, por lo que no tenía idea con qué iba a encontrarme. La experiencia resultó mucho más interesante de lo que imaginaba, en la calle la conexión con el público es absolutamente directa y espontánea, y esto hace de cada día un desafío y un misterio.

¿Alguna anécdota que recuerdes con especial cariño?

Hay miles de anécdotas: algunas felices, otras no tanto, muchas curiosas o descabelladas. De eso se trata mi libro Instantáneas callejeras, ¡os animo a conseguirlo y descubrirlas!

Y de todo esto surge “Instantáneas Callejeras”, ¿Cómo se te ocurre plasmar todo esto en un libro y cómo decides enfocarlo?

Durante un par de años me dediqué a tocar en la calle completamente sola. A lo largo de ese período fueron tantas las historias, las emociones y reflexiones que me despertaba la calle y que no tenía con quién comentar, que me agobiaba la necesidad de compartirlas, así que comencé a escribir y a publicar en redes sociales y más tarde en un blog bajo el título “Instantáneas callejeras”.

La respuesta fue entusiasta, descubrí que era una temática que no solo a mi me parecía apasionante, sino que podía llegar muy bien a un público amplio. A la vez es un tema sobre el que hay poquísima literatura en español. Así surgió la idea de este libro, cuyo punto más interesante es, a mi entender, la posibilidad de acercar una experiencia tan particular a cualquier persona.

Permitirles espiar lo que se vive y lo que se ve desde adentro cuando los músicos y las músicas salimos con un instrumento a la calle.

«Funciona mucho mejor cuando hay una propuesta clara y bien trabajada. Las reglas son distintas en la calle»

 Tienes un grupo (Atacapaca) con el que habitualmente tocas en la calle pero ¿es imprescindible tener un proyecto y unos objetivos para este tipo de “conciertos”?

Es muy personal, pero, en mi experiencia, sí: la cosa funciona mucho mejor cuando hay una propuesta clara y bien trabajada. Y no solamente en cuanto a lo económico, sino que para mi también es importante sentir que estoy saliendo a “dar” algo: lo mejor que tengo, lo mejor que puedo ofrecer, con tanto compromiso como lo hago en los escenarios.

Por supuesto que las reglas son distintas en la calle, pero intento que mi sensación sea la misma y tener la seguridad de saber qué es lo que estoy presentando, qué estoy ofreciendo. Yo me lo paso mucho mejor así que si salgo sencillamente “a ver si cae algo en la gorra”. Y esto se traduce, en general, en el buen recibimiento del público.

¿Qué música te apasiona más?

Soy muy ecléctica, afortunadamente la música es un universo inabarcable y siempre hay más por descubrir, así que es difícil responder. Podría decir que vengo principalmente del tango y el folclore argentino, he pasado por el jazz, el candombe (música afro-uruguaya), la música de oriente medio… últimamente estoy apasionada con el flamenco y con el choro brasileño. Para redondear podría decir que cualquier música me parece interesante de escuchar si está hecha con calidad y con corazón.

«Los vídeos de mi grupo en Internet no representan la verdadera experiencia de vernos en directo»

¿Qué es para ti el arte callejero?

El arte callejero es, sobre todo, cultura. Cultura que enriquece y embellece la ciudad. Los y las artistas callejeras cumplimos una función importante: la de acercar el arte a cualquier persona, incluso a aquellas que jamás se acercarían a una sala de conciertos. Por eso la calle es el escenario más abierto y democrático, y tocar en la calle es la forma más primaria y esencial de compartir música.

¿Crees que el fenómeno de las redes sociales e internet ayuda a todo el tema del arte callejero?

Precisamente en esto no creo que aporten mucho las redes. El arte callejero es aquí y ahora. Se trata de lo vivencial, de la experiencia directa, y precisamente ahí está su mayor magia y belleza.

De esa experiencia participan no solo el oyente y la o el artista, sino también la calle, sus ruidos, los demás peatones, la situación en general. Por dar un ejemplo, en Internet circulan muchos videos de mi grupo Atacapaca, y cuando los veo siempre tengo la sensación de que no representan ni un poco la verdadera experiencia de vernos en directo.

¿Dónde te ves en el futuro?

No miro mucho hacia el futuro, no sé si esto es bueno o malo, pero vivo en el presente y voy dando pasos que me acerquen al modo en que quiero vivir, dentro de una sociedad en la que vivir del arte es muy difícil.

El futuro es incierto, pero también lo es el presente; mi actividad conlleva la incertidumbre en su propia esencia, cosa que disfruto y padezco por igual. A menudo no sé ni siquiera cómo va a ser el mes que viene, pero navego en ese mar incierto intentando disfrutar lo más posible y hacer las cosas que me gustan y me hacen bien. Tocar en la calle es una de ellas.

Nuestra revista se llama Más de Cultura. ¿Más de cultura y menos de qué?

Más de cultura, y menos consumismo inútil. Nada nos va a llenar, excepto la riqueza de nuestra propia experiencia. Y eso tenemos que buscarlo cada día.

Flor pertenece a ese grupo de artistas desinteresados, como Simon Rondón o Pepe Carmona, que buscan alternativas a los espacios habituales. Talentos que existen, en las calles, en las paradas de metro o en espacios digitales. Que nos demuestran, que el arte está viva.