El maquinista de la General, Scarface, El gran dictador, Duelo al sol, Con faldas y a lo loco, Novecento, Rocky y Toro salvaje tienen algo en común: todas fueron posibles gracias United Artists, que esta año cumple un siglo de vida.

Hollywood, por supuesto, ya no es como aquel que vio nacer el estudio con uno de los logos más memorables de la historia del cine, el que prometía cine de primera. Hace pocos días hemos sabido que Disney, con la compra del no menos mítico 21st Century Fox, se consolida como el conglomerado del entretenimiento más poderoso del planeta. No es una buena noticia porque no va a traer un cine diferente y arriesgado, sino franquicias hasta la nausea. Hoy Disney es dueño también de Lucasfilm, Pixar o Marvel y esta última compra ocasionará un despido masivo de nada menos que 4.000 trabajadores.

United Artists fue fundada por D.W. Griffith, Douglas Fairbanks, Charlie Chaplin y Mary Pickford y su ambicioso propósito era hacer cine sin presiones de terceros y sobre todo al margen de los ya asentados grandes estudios de Hollywood. El sistema no aceptó el nacimiento de un estudio que supuso una dura e inesperada competencia. Además lograron un precedente: la creación de la UA sugería que otras estrellas podían enfrentarse también a los abusos capitalistas del sistema.

United Artist cumple 100 años, La mítica United Artist cumple 100 años

En 1918 la gran estrella de western William S. Hart se topó en una reunión con otras conocidísimas estrellas de la época: el cómico Charles Chaplin, el actor de acción Douglas Fairbanks y Mary Pickford, “la novia de América”, de la que hablamos recientemente en MDC. Enseguida empezaron a hacer un listado de los abusos de los distribuidores y productores, que les estaban robando a manos llenas.

Hart, con gran experiencia teatral y obsesionado por las actuaciones realistas y no de gestos exagerados, tan habituales en el cine mudo, buscaba siempre el vestuario perfecto, no quería parecer disfrazado en sus películas de vaqueros. Hart, ademas, era un tipo al que le volvía loco el lejano Oeste, hasta tal punto que fue amigo del mismísimo Wyatt Earp y compró en una subasta el revólver de Billy el niño. Su debut llegó con el exitazo The Bargain.

Pero aunque Hart fue el que plantó la semilla del primer estudio independiente, no supo cómo participar en la creación de United Artists y salió del proyecto triste y resignado. Aunque seis años más tarde sí logró, tras ser despedido de Paramount, que UA distribuyese su película Tumbleweeds, UA abandonó la película, no se gastó nada en su promoción y Hart los demandó y les ganó tras más de una década litigando. Cansado de pleitear, desfasado y retirado del cine, acabó sus días en su rancho “La Loma de los Vientos”.

Chaplin, Fairbanks y Pickford siguieron adelante hartos de que productores y distribuidores de Hollywood controlaran de forma abusiva los salarios de los actores y lo que era peor para las películas: las decisiones creativas. Se enfrentaban al famoso y nocivo “sistema de estudio”. Y al trío inicial se unió el famoso director de cine D. W. Griffith, que acababa de dar el cierre a su productora al pegarse un buen batacazo en taquilla con la ambiciosa y carísima superproducción Intolerancia.

Por su parte, una enfurecida Pickford acababa de pelear con los estudios al leer los términos para renovar su contrato, que le parecían insultantes. Los mandamases, hartos de sus protestas, le sugirieron dejar la industria del cine por la puerta de atrás a cambio de una humillante prima de 250.000 dólares. Y en cuanto a Chaplin, también estaba cansado de que los estudios no entendieran ni respaldaran su puntilloso y perfeccionista trabajo en sus rodajes.

Finalmente, Chaplin, Fairbanks, Pickford y Griffith se juntaron el 5 de febrero de 1919 para sellar la creación del primer estudio independiente de la historia: United Artists. Según aquel documento, cada uno tendría el 25% de la propiedad del estudio. Y a partir de entonces las decisiones creativas y salariales dependerían única y exclusivamente de ellos, no de distribuidores, ejecutivos y productores. Al enterarse de la jugada, Richard A. Rowland, director de Metro Pictures, dijo: “¡Los internos están tomando el asilo!”.

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Pero, como era de esperar, no fue fácil hacer rentable otro estudio con la feroz competencia del resto. Además, Chaplin, Fairbanks, Pickford y Griffith eran artistas, no gente de empresa. La producción de UA, al ser más cuidada de los normal, fue más lenta que el resto de estudios. Llegaron a estrenar cinco películas al año y una década después United Artists ya tenía una oficina en más de 40 países.

Con los años a United Artists, que era sinónimo de independencia y creatividad, se le unieron productores como Alexander Korda, Hal Roach, David O. Selznick y un tipo apellidado Disney, que es con quién hemos empezado este artículo. Estos legendarios productores no duraron mucho con UA, igual que Chaplin, Fairbanks, Pickford y Griffith, que dejaron la compañía en otras manos aunque siguieron unidos a ella para sus proyectos.

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Tres décadas después de la creación de la compañía que se fundó para luchar contra los abusos del sistema, la Corte Suprema de Estados Unidos ordenó a los grandes estudios vender sus cines para acabar con las prácticas anticompetitivas. Pocos años después, en 1955, la asistencia a los cines eran tan baja como en 1923. La televisión estaba acabando con el cine.

Pero no fue así. Ya en los sesenta, cuando UA estrenó la muy rentable serie de James Bond, la compañía fue comprada por Transamerica e impuso la T de su logo en el del estudio. Con esta conservadora empresa, fundada en 1928, hubo problemas: se negaba a distribuir películas “inmorales” como El último tango en París o Cowboy de medianoche, calificadas X por la retrógrada MPAA (Motion Picture Association of America). A pesar de todo, en los sesenta UA triunfó con En el calor de la noche y El graduado y levantó películas de Woody Allen, Robert Altman, Milos Forman y Brian de Palma. Y en los setenta llegaron los exitazos de Alguien voló sobre el nido del cuco, Rocky y Annie Hall.

Tras casi hundirse por culpa de la megalómana y delirante producción de La puerta del cielo, de Michael Cimino, UA fue comprada por Metro-Goldwyn-Mayer en 1981. Hoy, y tras 100 años de gran cine, siguen siendo sus dueños.