“No he dado mi aprobación ni he participado de ningún modo en la película sobre Judy Garland que está rodando Renée Zellweger. Cualquier noticia al respecto que diga lo contrario es pura ficción” (Liza Minnelli).

Por estas palabras, escritas en Facebook por la protagonista de Cabaret e hija de Judy Garland, todos entendieron que Liza no estaba muy de acuerdo con la película que Rupert Goold ha rodado sobre Judy Garland. Liza, que no había visto la película acabada cuando hizo ese comentario, también declaró que “no aprueba ni sanciona la película de ninguna manera” y que esperaba que Hollywood (es una producción de BBC y FOX) no haga “lo que siempre hace”.

Judy, Hemos visto Judy, la película que odia Liza Minnelli y en la que Renée Zellweger está de Oscar

Nos tememos que cuando vea por fin la película su reacción puede ser mucho peor. Liza aparece en ella (bien interpretada por Gemma-Leah Devereux) como una talentosa jovencita que está triunfando en el mundo del espectáculo (nos la presentan en una fiesta) mientas su madre se arrastra por la ciudad y no tiene dinero ni para pagarse un buen hotel.

Judy transcurre en 1968, cuando Liza tenía 22 años y ya era una estrella. Por su debut en el teatro (Best Foot Forward, en 1963) ganó en premio Theatre World Award y al año siguiente acompañó a su madre en su espectáculo en Londres. Con la obra Flora the Red Menace logró el prestigioso Tony. Solo tenía 19 años y todavía no había legado la película que la convertiría en un icono y mundialmente famosa: Cabaret.

Según Goold, sí estaba planeado que el personaje de Liza apareciera más en la película de su madre, pero consideró que era mejor que el personaje de Garland fuese separado de toda su familia y sufriera la soledad que vive en finalmente en Londres. Sea como fuere, Liza no sale nada bien parada como hija de una mujer abandonada por todos y que se va derrumbando poco a poco.

Judy, estrenada en los festivales de cine de Telluride y Toronto, se centra en el último año de vida de una mujer con una voz irrepetible y que murió con solo 47 años. Tras los hechos reflejados en el film, el 25 de marzo de 1969, Garland cantó Over The Rainbow en el Centro Falkoner. Resultó ser su última presentación en vivo. Pocos días después fue encontrada muerta en su apartamento londinense tras equivocarse con la dosis de medicamentos con los que se automedicaba desde que era una adolescente.

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De hecho, la mejor secuencia de Judy, un más que digno biopic, es la que muestra a Garland cantando Over The Rainbow. La fabulosa interpretación de Zellweger (que canta, y hay que tener arrojo para ello, todos los temas de la película) es de verdad, auténtica. Y tan demoledora y triste como toda la historia que cuenta Judy, la del último año de su vida (era adicta al alcohol y a las pastillas y había perdido la custodia de sus hijos) como su pasado, plasmado en flashbacks centrados en la figura de uno de los seres más viles que ha sufrido Hollywood: Louis B. Mayer, capo de la Metro interpretado por Richard Cordery.

Su vida como niña prodigio fue terrible. Firmó un contrato leonino por 7 años con la Metro y El mago de Oz, la película que la lanzó al estrellato, fue su séptima película. Judy ya no era una niña cuando interpretó a aquella niña repollo llamada Dorothy, tenía nada menos que 17 años y las hormonas a flor de piel. Y para colmo era una yonqui de las pastillas para adelgazar.

Para hacer más aterradora la historia de Judy, conviene recordar, como lo hace la película, que fue su madre quien la introdujo en las drogas, todas ellas para mantenerse delgada y lista para rodar en interminables jornadas de trabajo en las que era explotada en aquel régimen de los grades estudios. Como muestra Judy, no le dejaban comer como al resto, no podía disfrutar de una sencilla hamburguesa o un helado. Y no hablemos de los inaccesibles chicos, entre ellos el pequeño Mickey Rooney, personaje que aparece en la película.

Lo que no aparece son todas sus relaciones con el sexo opuesto, que fueron siempre desastrosas. A los 32 años Garland ya se había divorciado dos veces. Se casó con su primer marido (el compositor, arreglista y pianista David Rose) con solo 19 años y tras fugarse a Las Vegas. Solo un año después quedó embarazada y su posesiva madre la empujo a hacerse un aborto ilegal que la marcó de por vida.

Las turbulencias familiares venían de lejos. Garland tenía solo cuatro años cuando su familia se mudó a California, la codiciada meca del cine. Su madre la apartaba de su padre, bisexual tapado y al que le gustaban los jovencitos. La bisexualidad estuvo presente durante toda su vida y el crítico (y especialista en estrellas de Hollywood) David Shipman hasta llegó a asegurar en uno de sus libros que Judy tuvo un romance con “una mujer sin nombre” en la Metro Goldwyn Mayer.

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En el libro Get Happy, biografía de la actriz escrita por Gerald Clarke, también podemos leer que dos de sus cinco maridos, Vincente Minnelli y Frank Herron, eran bisexuales. De hecho, una tarde que Judy volvió inesperadamente del estudio a su mansión, descubrió a Minnelli en la cama con un joven. El batacazo fue tal que fue la primera vez en la que se intentó quitar la vida cortándose las venas en el baño. Para colmo, el libro también descubre que su cuarto marido (el citado Herron) se metió en la cama de Peter Allen, que se casaría años más tarde con su hija Liza Minnelli. Sexualmente hablando no fue muy convencional la familia Minnelli.

Lo cierto es que tanto Judy como Liza acabaron siendo iconos gays y es algo que la película recuerda con la madura pareja gay que invita a cenar a la cantante a su apartamento. Eran tiempos difíciles y el film recuerda que en aquel Londres (el tan civilizado y occidental Londres) podías ir a la trena por homosexual.

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La película de Rupert Goold es un bonito homenaje a una mujer que tras rodar Cita en St. Louis, Ziegfeld Follies y El pirata (todas de Vincente Minnelli) fue defenestrada por la MGM, que la reemplazó por Ginger Rogers en The Barkleys of Broadway. Solo tenía 28 años.

Años más tarde, en 1954, se resarciría con Ha nacido una Estrella, un triunfal regreso al cine oscurecido por el premio Oscar que no ganó (se lo arrebató Grace Kelly por La angustia de vivir). Otro de sus grandes momentos en la gran pantalla fue su interpretación de la judía Irene Hoffman en la fabulosa ¿Vencedores o vencidos?, en la que trabajó junto a Burt Lancaster, actor con el que volvió a coincidir en Ángeles sin paraíso, dirigida por John Cassavetes.

El origen del guión de Judy, de Tom Edge (The Crown) es una adaptación libre de la exitosa y premiada obra teatral End of the Rainbow. Su autor, Peter Quilter, reconoció que el gran cambio de la obra a la película es que Edge pretendía que la historia fuera mucho más verdadera y precisa, con menos elementos de fantasía que su obra teatral.

Y lo mejor de Judy es Judy, o sea Renée Zellweger, que nació el mismo año en el que Garland murió (1969). Antes de que comenzara el rodaje, la actriz estuvo todo un año practicado la voz (una tarea titánica) con el reconocido entrenador vocal Eric Vetro para pasar luego a ensayar con el director musical Matt Dunkley durante cuatro meses. Lo hizo para dominar correctamente su voz.

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Zellweger no llega a lograr la voz de Garland, eso es imposible. Pero su trabajo es admirable. Hecho con trabajo y esfuerzo. Y quizás no esté a la altura de la perfecta actriz que se pensó (concretamente lo pensó Harvey Weinstein) para el papel hace años: Anne Hathaway, idéntica a Judy. Pero el trabajo de Zellweger es más que digno, emocionante, talentoso. No se la pierdan en el cine.