La pantalla herida, el documental que hay que ver

Acabo de ver el documental La pantalla herida, con mirada de guionista, como no puedo hacer de otra forma, documental que hay que ver.

Hay que verlo porque muchas de las opiniones de los entrevistados no tienen desperdicio. Por ejemplo, las reflexiones de Pepe Nieto (compositor), que con lucidez, valentía, claridad en sus razonamientos, autocrítica para poder construir, tablas y mucho, mucho arte, nos expone sus argumentos. “Tan bien” lo hacen, intentando poner el dedo en la llaga, profesionales que trabajan en las más diversas profesiones dentro del cine. Miguel Santesmases (director), Pedro Pérez (expresidente de FAPAE), Joaquín Manchado (operador y director de fotografía), Sandra Hermida (directora de producción y productora), Víctor Matellano (escritor cinematográfico), Fernando Guillén Cuervo (actor, productor y director), Eduardo Chapero Jackson (director), Belén Bernuy (productora ejecutiva), Susana de la Sierra (directora general del ICAA), Lourdes de Orduña (figurinista), Carlos Jiménez (director del Museo del Cine de Madrid y exhibidor durante más de treinta años), Raúl Cerezo (¿cortometrajista?). Aquí hago un inciso, porque para mí un cortometrajista es un director en mayúsculas. La mayoría de ellos empiezan rodando “pequeñas” cosas, esto es, pequeñas en tiempo pero no en importancia, para hacer tablas y poder hacer grandes cosas en metraje y arte cinematográfico.

También hay que verlo porque hay otros muchos profesionales que dan su opinión, su visión del problema, unos con más tino que otros, sobre qué, cómo, cuándo y dónde hay que empezar a cambiar.

Hablar del cambio de modelo en el cine español, a causa de su enfermedad crónica, parece el mantra repetido desde casi sus orígenes, como si por mucho repetirlo se hiciera realidad sin trabajar en ello, sin ponernos manos a la obra. En La pantalla herida se hace un ejercicio simple, no por ser baladí sino por lo sencillo y barato de hacer, es presentar cómo la sinergia de un equipo es lo que potencia los esfuerzos individuales, una toma de contacto cercana y real con los problemas y críticas como elemento constructivo y generador de energía creadora, hay que “quejarse”, hablar de los errores para poder progresar, si demonizamos las críticas no hay debate, si no hay debate no hay cambio posible. La industria la hacen equipos de trabajo, cada uno indispensable para el otro, dependientes, la nuestra es casi el paradigma de ello, el problema es que no tenemos Industria, y si la tenemos es familiar, por eso se dice que no hay cabida para tanta gente, somos muchos desde luego, pero también hay mucho talento desperdiciado que pasa desapercibido por que la endogámica industria del cine español no puede mantener ni a sus progenitores. Pongamos por ejemplo la industria informática a la que se dedican muchas personas a diferentes niveles. En ella tienen cabida millones de personas, los genios, los talentos, los autodidactas, los trabajadores sin nombre, incluso muchos mediocres que mueren en el camino, la criba se hace de igual modo para todos.

Hay que verlo, aunque los que nos dedicamos a esto (y digo bien, DEDICAR, no vivir de ello, sólo para ello) se remuevan en sus asientos y terminen de verlo con mal sabor de boca.

Hasta ahora, no hemos sabido poner al gigante a nuestros pies (también puede ser que no se haya querido). Hemos demonizado lo que nos puede dar la supervivencia. No se deja entrar aire fresco, no hay industria cuando los productores no leen guiones que no tengan nombre conocido, no hay industria cuando las productoras no tienen analistas de guion porque no son rentables, no hay industria porque el guionista tiene que ser montador, director y productor, no hay industria porque siempre son los mismos yerren las veces que yerren, no hay industria porque se eligen los proyectos por técnicos mezclados en política e instituciones del Estado, en vez de por profesionales, pervirtiendo un sistema donde los mismos señores (pseudo productores, son técnicos de la burocracia, los contactos babosos y el flirteo con los poderes para conseguir subvenciones) se las llevan , no hacen películas rentables y cuando las hacen, en muchos casos ni siquiera llegan a exhibirse, pero… ¿cómo puede ser posible, creíble, real que la vuelvan a conseguir en la siguiente convocatoria? Estos mismos tipos son los que te emplean sin contrato, o con contrato de prima de éxito, si no se hace o triunfa no cobras, no sólo trabajamos gratis en producciones low cost, tampoco las productoras de verdad hacen nada antes de sacarte el trabajo muerto, gratis o quitando tu nombre de los créditos.

Puede ser que una entrada de cine cueste lo mismo que un gintonic, por eso la mayoría de los jóvenes los beben haciendo botellón y los adultos prefieren tomarlos en casa, no van al cine ni a los pubs, no se lo pueden permitir, ¿dónde vivís?, ¿en una burbuja que vaga por el pasado? Seguimos cometiendo los mismos errores, pensando que mejor es lo malo conocido.

Cuando la gente tiene dificultades para llegar a fin de mes, ¿cómo van a pagar una entrada de cine, comprar un DVD, pagar por ver una película en Internet? Si es que hay opciones para hacerlo, y si las hay son igual de caras que verla en pantalla grande, cada vez más caro, ofreciendo lo mismo pase lo que pase, pensando que las víctimas somos nosotros.

En España no se puede vivir del cine como una estrella, se vive del cine como un trabajador dentro de una industria cualquiera que tiene que adaptarse a los nuevos tiempos, con innovación, desarrollo y reconociendo el talento (no el apellido) si es que se quiere sobrevivir a los malos tiempos.

Somos ”los santos inocentes”, sabemos lo que nos pasa, por qué, quién tiene la culpa, a qué nos tenemos que enfrentar, pero es más fácil dejarnos morir mientras pasa la vida.

Hay que ver el documental si quieres hacerte preguntas y reflexionar sobre la enfermedad del cine, por ejemplo:

  • A ver, el oxímoron de ”no hay repuesto”, con el “no hay sitio para tanto” chirría demasiado, es como decir que estoy harto de comer lentejas pero… es que sólo sé cocinar y estoy dispuesto a comprar lentejas. Pues ya saben, eso nos dicen los de siempre, “si quieres las comes y si no las dejas”.
  • ¿Es una industria familiar o una industria multinacional?
  • En el documental aparece gente que ha tenido cargos políticos o en instituciones públicas, con oportunidad de cambiar las cosas de las que hablan y se quejan en La pantalla herida, qué hicieron, por qué no se nota su paso por ellas, no se habla de su gestión, de qué nos sirvió, qué hemos aprendido de todo esto…
  • Está mal el crowdfunding, las cooperativas…, ¿hasta eso está mal? Si no dejas a la gente nueva (esto no quiere decir joven, se puede ser un talento novel con muchos años, la experiencia y el aguante te reafirman el ingenio) que se pueda expresar en un contexto caduco y pervertido, dará lo mismo, porque si realmente es lo que quiere hacer, lo harán de todas formas.
  • ¿Por qué el quejarse y exponer los fallos siempre se asocia al rencor, la envidia, al fracaso y la energía negativa?

Querida Sinde, queridos todos, en el cajón estaba y estoy yo y muchos de mis compañeros sin oportunidad de que nuestros trabajos sean leídos con nuestro nombre real, somos los guionistas negros, sin apellidos ni familiares dentro de eso que llamáis industria. Para mí una industria caduca y burocratizada, donde no se mide el talento sino el reclamo, aunque el producto final sea malo y defraude a ese nuestro enemigo “¿EL ESPECTADOR?”.

Mi último acicate de por qué hay que verlo, es porque se puede ver en Vimeo por sólo 2,65 €. Así sí. Si no vas al cine, o ya no está en cartel, la gente interesada está dispuesta a pagar eso por verlo en su televisor, portátil, móvil, tablet… como le dé la gana, solo faltaba que les obligáramos a verlo como nosotros queramos.

Por cierto no tengo nada que ver con La pantalla herida, ni con su productora, ni soy la madre del guionista.

Sayonara baby.

Mercedes Ramírez

By | 2018-05-18T14:26:13+00:00 24 diciembre, 2014|0 Comments

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