Hemos visto los diez capítulos de And Just Like that, una de las series más esperadas del año, y atravesado una montaña rusa de emociones. He pasado de no reconocer a los personajes que veía en pantalla a quererlos de nuevo. Me he enfadado con los guionistas y he aplaudido algunas escenas. Y lo único que tengo claro es que necesito una nueva temporada. Así que aquí va una recopilación (totalmente subjetiva) de lo mejor y lo peor de la secuela de Sexo en Nueva York. Ojo, hay spoilers.

Lo peor de la serie

Todas las indirectas hacia el personaje de Samantha

Bastante dolorosa es la ausencia de uno de los mejores personajes que nos ha dado la ficción televisiva como para tener que soportar indirectas hacia ella. Ya sabemos que las actrices no se llevan bien pero, ¿era necesario que el guion nos lo restregase?

Hablar de dinero y dejar intuir que Samantha no perdonó a Carrie no casa con su personaje. La excusa de la huida a Londres por un malentendido con la promoción de un libro no nos la podemos creer. De rompernos el corazón, los guionistas deberían haberse currado una buena excusa, o, por lo menos, una creíble que encajase con Samantha Jones. Mal, muy mal.

La muerte de Big

Hay algo en el personaje de Carrie que no nos hace empatizar con ella ni creernos que Big ya no está. ¿Por qué Carrie no llama a una ambulancia cuando ve a Big tirado en la ducha?

Si en la serie original aguantamos las seis temporadas con la trama amorosa de ambos, lo mínimo que pedimos es una despedida justa. Además, el hecho de que Samantha no vaya al funeral de Big es algo que cualquier seguidor de la serie no se va a creer.

La masturbación en pareja

¿Alguien se puede creer que tras más de 20 años siendo pareja, Carrie y Big no se habían visto masturbarse? Recordar que estamos hablando de una serie en la que brillaba la liberación sexual de sus personajes y la naturalidad para hablar de ello. Sin mencionar lo incómoda que resultó la escena para los espectadores. Patinazo de guion intentando recuperar la libido de la serie sin Samantha en juego.

Steve, ¿por qué lo convierten en un muermo?

And just like that nos presenta a un Steve que está practicamente sordo (por un cliché asociado a la vejez, ¡con 50 años!), que no sabe hablar bien, que no se comunica con Miranda y que, en líneas generales, es muy muy aburrido. Estamos de acuerdo con el giro que da el personaje de Miranda pero, que para llegar a ese punto hayan tenido que forzar el personaje de Steve hasta que nos resulte odioso no. Además, el hecho de que Miranda defienda su infidelidad es algo que tampoco nos acaba de convencer.

Miranda y sus meteduras de pata con la comunidad negra

Creo que todos nos sonrojamos cuando vimos que el personaje de Miranda, en su primer día de universidad, estaba tan incómoda en un aula con una profesora negra. Y que no supiese hablar con ella. Nos parece genial la revisión feminista y antirracista de la serie pero hay ciertas escenas que están metidas con un calzador y que sacan al espectador de la trama.

Además, Miranda destacaba en Sexo en Nueva York, ciudad multicultural, por ser el personaje más desarrollado de las cuatro. Tampoco nos olvidamos de Robert Leeds, el médico deportivo negro al que Miranda decide dejar por Steve.

Dónde está Aidan

Los guionistas no consideraron suficiente matar a Big de esa manera tan cutre en el primer capítulo que, para rematar, no nos regalan la vuelta de Aidan. El debate entre Aidan y Big me ha costado alguna que otra discusión con mi amiga Ana y lo mínimo que pedíamos era un breve cameo en la secuela. Lo mínimo era una mención a sus muebles.

Carrie, apaga la vitro, es inducción

Uno de los cambios que apreciamos en el personaje de Carrie es que en And just like that, sabe y disfruta de la cocina. Compra pescado y le gusta ir al mercado, algo que en Sexo en Nueva York era impensable. A pesar de ese cambio, desconoce que las vitrocerámicas de inducción, predominantes hoy en día en cualquier cocina, hacen ruido. Por favor, decidme que no fui la única que le gritaba a la pantalla: ¡Carrie, el pitido es la vitrocerámica!

Lo mejor de la serie

Che Díaz

Porque todo lo que haga Sara Ramírez está bien. Porque quiere a Miranda. Y porque, ante el odio dirigido hacia su personaje, hace que como público tengamos que debatir sobre su figura, su juego con los estereotipos, la monogamia, el respeto, la sinceridad y la comunicación. Y porque es el único personaje que le dice a Miranda que ser infiel es una falta de respeto que no va a tolerar y subraya la importancia de la comunicación.

Miranda en la universidad, con canas y con lívido

Cynthia Nixon es un referente y su personaje de Miranda Hobbes no podía ser menos. En la serie original, fue la primera en decir que no podían estar todo el rato hablando de hombres, que su vida iba mucho más allá. En And just like that nos lo sigue demostrando. Desafía los cánones de belleza luciendo sus canas con orgullo e intenta arreglar la cagada que cometieron con su personaje en la película al criticar sus ingles sin depilar.

Decide ir a la universidad y rompe estereotipos de su edad. Se atreve a decir en voz alta que le queda mucho por vivir y por sentir, que cree en las comedias románticas, que necesita activar su vida sexual y que no se piensa conformar con su aburrida rutina. Miranda, te queremos.

Cuando Charlotte no pide perdón por jugar al tenis

El personaje de Charlotte suele despertar cierta repulsión a los que se acercan por primera vez a la serie. Pero la pija repipi encandila por sus valores, su tremenda empatía y su forma de no juzgar lo diferente. A pesar de intentar estar siempre perfecta, Charlotte nos regala una de las mejores escenas de la secuela. Tras el partido de tenis por parejas, Harry y Charlotte tienen una discusión por la competitividad de ella. Es ahí cuando ella se niega a pedir perdón y nos regala esta gran frase: el tenis es el único sitio donde no tengo que pedir perdón.

Una reflexión sobre la obligación que sentimos las mujeres por disculparnos todo el rato.

La escena del baño entre Charlotte y Harry

Confieso que Charlotte es la protagonista de mis momentos favoritos y que se ha convertido en mi personaje favorito de la secuela. Como enseña a ponerse un tampón a Lily o la empatía desde el minuto uno con Rock. Charlotte rompe todos los clichés que tenía la serie original y su personaje reencarna todo el avance que el público necesitaba.

Además, esa escena en el baño con Harry todavía nos hace reír. A pesar de su pudor y su conservadurismo, sigue manteniendo intacta su vida sexual y ese desparpajo al hablarlo con sus amigas.

Rock

Le hije de Charlotte se plantea su identidad sexual y nos hace pensar a todos. Su inocencia y su valentía hacen que le queramos desde el primer momento.

El metro

Ha hecho falta llegar a 2021 para que las protagonistas de Sexo en Nueva York se den cuenta de que el transporte privado contamina y que los taxis son carísimos y no se pueden utilizar continuamente. Hemos tenido que esperar hasta And just like that para ver a las chicas subirse a un metro pero por fin lo hemos conseguido. Qué viva el transporte público.

El debate sobre la maternidad

La profesora de universidad de Miranda no quiere ser madre, o sí. No lo sabe pero lo que tiene claro es que no necesita presión sobre ese tema. Su trama muestra el linchamiento al que se tienen que someter las mujeres cuando deciden que no quieren ser madres y plantea el debate sobre la imposición de la maternidad.

La primera cita de Carrie

Cuando Carrie vuelve a tener citas And just like that retoma un poco el espíritu original de la serie. Además, agradecemos que esa primera cita haya acabado en vómitos, volvemos a las divertidísimas anécdotas de la original.

La aparición de la masa madre

Para que la serie se modernizase oficialmente, tenía que incorporar o un café especialidad o un pan de masa madre. Y lo hace. Ahí han estado muy avispados los guionistas y ver aparecer a Anthony alardeando de esa masa ha hecho que más de una nos riamos en alto.

El Bar Mitzvah

En el rito judío, el Bar Mitzvah se produce cuando un joven se vuelve responsable con cumplir los mandamientos de la Torá y simboliza el alcance de la madurez. En el Bar Mitzvah de And just like that,  Rock pasa de imposiciones y cede su puesto a Charlotte. Todo esto con una rabina trans y kipás (tradiciones gorros judíos) con la bandera lgtbi, una fantasía.

La ropa, el mensaje final a Samantha y el guiño del podcast

La ropa de la serie sigue siendo maravillosa y todos los personajes son capaces de mostrar su personalidad a través de sus estilismos. Que Carrie decida contarle a Samantha que ha besado a un hombre por primera vez y la invite a un cóctel en París también nos hace perdonar un poco las faltas de los primeros capítulos. Y el guiño final en el que Carrie nombra a su podcast en solitario Sex in the city hace que nos reconciliemos con la serie y que esperemos una segunda temporada.