Los cortometrajes, esas historias de corta duración. Se les atribuye dos características principales que, en ocasiones, no son del todo ciertas. La demostración, o no, del potencial de su realizador/realizadora como director/directora de largometrajes y su corto presupuesto para que productor/productora no eche, de momento, el resto.

Afortunadamente para los realizadores/realizadoras de cortos, está más que demostrado que estas pequeñas obras de arte tienen valor por sí mismas. Hay historias que tienen la duración que tienen y el buen productor o buena productora, le otorgan la inversión que necesitan. Como resultado el buen cortometraje resultará ser, en infinidad de ocasiones, una historia contada maravillosamente en el tiempo justo y con la calidad exacta. Un auténtico placer audiovisual que cuenta con millones de adeptos.

El mar de cortometrajes es prácticamente infinito pero para esta ocasión rescato cuatro de mis historias favoritas que guardo junto a mis libros, recuerdos y otras historias más largas.

cortometraje, Los cortos que amé
EL COLUMPIO. 1992. Director: Álvaro Fernández Armero. 8 minutos. Lo vi cuando estudiaba en la universidad y me escapaba a la sesión de las 4, como muchos otros. Eran años en los que internet no había llegado, mis hormonas estaban muy alteradas y conseguí un vhs pidiéndoselo directamente a la productora. Esta es una historia en la que Ariadna Gil y Coque Malla durante 8 minutos se gustan, flirtean, se aman y se despiden…pero todo ocurre en la cabeza de cada uno. El fantástico resultado de un guión, un ritmo y una música que ensamblan perfectamente. Un clásico que se llevó el Goya al Mejor Cortometraje de Ficción 1993.

cortometraje, Los cortos que amé
RULETA. 1999. Director: Roberto Santiago. 10 minutos. Fue el año en el que comencé a trabajar como agente de prensa en una distribuidora de cine. Siempre había visto bastante cine pero aquel año y posteriores, obviamente, pasó por mis ojos una auténtica avalancha fílmica. Entre todo ese magma me impactó esta historia de unas amas de casa que se reúnen para comentar su día mientras toman café y juegan a la ruleta rusa. Rotunda y genial. Un cortometraje que fue nominado para la Palma de Oro en Cannes en 1999.

cortometraje, Los cortos que amé

BINTA Y LA GRAN IDEA
. 2004. Director Javier Fesser. 30 minutos.
Mis inicios como agente de prensa habían pasado y comenzaba a convertirse en mi profesión. El brillo del principio había dado paso a decepciones, malos tragos…y además me había embarcado en la compra de un apartamento, el horror. Binta llegó con toda su energía para reconciliarme de nuevo con lo bonito de la vida. Nunca se lo agradeceré bastante. Que los “tubabs” –blancos occidentales- estamos equivocados es innegable, cómo lo resuelve esta historia es genialidad. El cortometraje fue nominado al Óscar en 2007.

cortometraje, Los cortos que amé
SHÉROES. 2016. Director Carlos Caro. 10 minutos. Shéroes llegó en mi temporada vital tranquila. Con muchas historias vistas y vividas, la dignidad extrema de estas cinco mujeres se incrustó en mi para revolucionarme de nuevo. No sé si me impacta más la crueldad máxima de desfigurar con ácido para destruir a una persona manteniéndola con vida o la fuerza de estas mujeres para empoderarse y seguir sonriendo. Candidato a los Goya 2018.

Cuatro historias fantásticamente contadas en el metraje necesario que forman parte de mi propia historia. Larga vida al corto. Viva el corto.