“Visceralmente libre” así es como se titula el ciclo dedicado durante este mes a Margarita Alexandre, directora, productora, guionista y actriz, en la Filmoteca Española. En el año en el que se cumplen cien años de su nacimiento, reivindicamos la figura de una de las pioneras de nuestro cine, que llevó la libertad creativa por bandera durante toda su vida.

Leonesa de casualidad, ella misma decía que “cuando viajas de un país a otro como yo de kamikaze, acabas un poco desarraigada”. Y así, gracias al azar, comenzó su carrera cinematográfica. En plena posguerra se estaba rodando en Madrid Tierra y cielo de Eusebio Fernández Ardavín (1941) y, tras inspeccionar varios colegios a alguien que pudiera encarnar a la Inmaculada Concepción de Murillo, se toparon con el rostro de Margarita, que por aquél entonces estudiaba en el Liceo Francés.

Cuando Alexandre decidió que su sitio estaba detrás de la cámara

Esta inmersión en el mundo de los rodajes le fascinó y comenzó a aceptar pequeños papeles de actriz secundaria. Mientras tanto, estudiaba las labores de puestos más “técnicos”, como producción y dirección. De hecho, fue una de las primeras mujeres en formarse en las Escuela Oficial de Cine, que abrió sus puertas en 1947, con compañeras (escasas, para variar) como Ana Mariscal.

Según Alexandre, ella nunca quiso ser actriz en primera instancia. De hecho fue el “peaje” que tuvo que pagar para meterse de lleno en la dirección. Tras varios papeles, casi siempre interpretando a “aristócratas muy malas” debido a su físico, en 1952 trabaja como script para Antonio del Amo en Puebla de las mujeres (1952). Allí conoce a Rafael Torrecilla, que se convierte en su colaborador y compañero de vida. Con él dirige su primera película, Cristo (1953), y juntos fundan la productora Altamira Films, que luego se rebautizó con el nombre de Nervión Films. A esta pareja creativa, también se sumó Juan Mariné, como su director de fotografía de cabecera.

En 1955, en plena represión franquista, Alexandre y Torrecilla deciden estrenar La ciudad perdida, la adaptación de la novela homónima de Mercedes Formica. La historia, cercana al neorrealismo italiano, está protagonizada por un republicano que regresa a España con una intención claramente vengativa, desafiando el esquema narrativo de arrepentimiento impuesto por el régimen.

La película fue duramente censurada y esta situación les dejó en la quiebra absoluta, pero poco después, gracias al apoyo de Juan José de Melgar y Rojas, lograron sacar adelante el que será su proyecto más ambicioso, La gata (1955). Esta fue la primera película española que se grabó en CinemaScope con sonido estereofónico. Las secuencias dramáticas, se mezclan con los paisajes de la Andalucía rural en unos encuadres que aprovechan al máximo la belleza del formato anamórfico.

El exilio en Cuba

En 1959, Margarita y Rafael se exilian y acaban en Cuba, en plena Revolución. Alexandre se quedará en la isla durante doce años. Allí se metió de lleno en el audiovisual y se incorporó como productora ejecutiva en el recién creado Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC). En su intento de combinar la lucha revolucionaria con la libertad de la creación artística, terminó por hacer las maletas como muchos de sus coetáneos. Escapando, otra vez, de la censura impuesta.

 

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La libertad creativa por encima de todo

Llegó a la Toscana “con mis perros y con una nieta” y se reunió de nuevo con Torrecilla, donde se implicó de forma muy activa contra el Franquismo. En 1979, llevó a cabo su último gran proyecto en la producción con Operación Ogro, de Gillo Pontecorvo, sobre Carrero Blanco. Con la democracia llamando a la puerta, Margarita y Rafael regresaron a España. La cineasta estableció su residencia en Madrid hasta el fin de sus días. Exceptuando algunas entrevistas y reconocimientos, su trayectoria ha pasado bastante desapercibida más allá de los círculos intelectuales. De hecho, el mayor homenaje que se le concedió fue la medalla de honor en 2004, por la Asociación Española de Historiadores del Cine, compartida con Rafael Torrecilla y Juan Mariné.

 

*Fotografía de portada: Instituto Cervantes. La gata (Margarita Alexandre y Rafael Torrecilla, 1956). © Videomercury/Egeda