Interpreta 3 personajes en NO FUCKING WAY, donde el público decide la trama
Fotografía: Gosua Management

Una entrada. Tres pegatinas con tres dibujos. Su colocación, marcará el ritmo de la obra que va a ver. Es la premisa para el público que decida ir a ver NO FUCKING WAY, que desde el 4 de mayo se puede disfrutar en los Teatros Luchana.

Se trata de una idea original de la Compañía Verano y Humo Producciones dirigida por Laura Ortega. Carlota Baró, bailarina y actriz, interpreta a tres personajes dentro de la obra. A saber, una meticulosa inspectora, una curiosa periodista o una prostituta soñadora. La actriz nos atiende en medio del rodaje de la próxima temporada de Las chicas del Cable y nos cuenta los secretos de este reto sobre las tablas y de los nuevos que plantean las nuevas plataformas para la ficción.

Como ya avisaba Carlos Tuñón en nuestra charla sobre EL ROBLE, el público reclama experiencias nuevas, por eso lo más emocionante de NO FUCKING WAY es precisamente esa aleatoriedad a la hora de decidir el curso de la función: «el público entra y se reparten unos billetes con unas pegatinas. En las pegatinas está el orden, sin que ellos lo sepan, de las escenas.»

Así, las opciones son unas cerezas, un número siete y un diamante: «Cada persona lo va pegando según su criterio y nosotros lo recogemos después, lo tiramos al aire y cogemos un billete. En ese momento sabemos el orden que alguien del público habrá puesto y nosotros empezamos así las funciones. Está chulo».

Como se podrán imaginar si hacen los cálculos, las múltiples versiones (seis posibles) cambian la manera de transcurrir entre los actores. ¿Cómo se prepara entonces una obra que no tiene un orden establecido? Carlota Baró nos cuenta que lo primero fue ensayar una versión y cuando ya estaba fijada, ellos mismos empezaron a hacer el sorteo para ensayar: porque ya no es solo eso, tienes que prepararte los cambios, el vestuario. Si empiezas con uno tiene que estar listo…es una locura. Dentro no se ve pero estamos tipo «pásame la camiseta». Pero es divertido, sí».

«implica estar en una escucha con el compañero. Siempre alguien acaba tirándote un cable y eso es súper bonito, es muy de compañeros»

Que el orden no esté establecido, encierra el riesgo de que el actor se pierda, el temido «blancazo», sin embargo, siempre hay técnicas para sobrellevarlo, donde juega un papel muy importante la comunidad que se crea en el teatro: «creo que es una de las peores cosas que te pueden pasar y a la vez una de las mejores. Porque se crea lo que llamamos nosotros «el momento de pánico» que nadie nota, nada más que los actores. Te empiezas a mirar como: «algo va mal. Alguien tiene que hablar, pero no se quién es». Entonces implica estar en una escucha con el compañero. Siempre alguien acaba tirándote un cable o tú mismo, tu cabeza que va a mil, sale por otro lado y tu compi te engancha y ahí remontas y eso es súper bonito, es muy de compañeros».

Por eso destaca que como actriz, NO FUCKING WAY es la obra más completa en la que ha participado en el sentido teatral: «me ha dado la oportunidad de casi en una hora poder hacer tres personajes diferentes. Eso normalmente no sucede».

Carlota Baró, Carlota Baró: «Las Chicas del cable es un salto muy bonito y muy especial»

Tres personajes completamente diferentes que le plantean un reto en cada actuación. Sobre Lena: «es una prostituta con muchísima luz, como una muñequita, pero atrapada en este mundo tan oscuro de la noche, la prostitución, de los chulos…y que quiere escaparse. Entonces ahí está su dualidad, de una muñeca rota». Nada que ver con Forbes, la policía «divertida de interpretar, porque es una tía muy meticulosa» y mucho menos con Ana, la periodista: «una carroñera que va a buscar la bomba que le puedas dar».

Sin embargo, está de acuerdo en que cuando se trata de personajes tan dispares, uno siempre encuentra las conexiones con uno mismo: «Es muy gracioso porque por más que te parecen personajes alejados, al final rascas y encuentras cosas en común. Como con Ana, la periodista, yo soy muy preguntona y muy curiosa o luego en la fragilidad y en la bondad de la prostituta que siento que me gusta interpretar. La que más me ha costado ha sido Forbes porque esta cosa así recta y meticulosa no me va mucho», nos confiesa riendo.

«El público quiere experiencias de aquí y ahora, viva, única y especial»

Tanto obras de teatro en las que la experiencia del público va más allá de sentarse en una butaca como plataformas digitales que cambian la manera de consumir el contenido, Carlota cree que aunque hemos dado un vuelco en la forma de enfocar, todavía falta por arriesgar en el teatro: «el público todavía es como más conservador, quizá. Está más dividido en el teatro. Es como: bueno, a mi dame una obra de principio a fin. Pero sí que es verdad que cada vez más notas que el público quiere experiencias de aquí y ahora, viva, única y especial».

Reconoce por lo tanto que eso le interesa mucho porque al actor, es lo que le parece interesante: «vas con cierta intriga de: a ver qué pasará hoy, cual será el recorrido, que vivirá el público… Admiro profundamente a gente como los que están haciendo El Roble o teatros como Kamikaze, que están intentando provocar un poco al espectador».

Sobre la respuesta del público, el teatro tiene la peculiaridad de ofrecer resultados mágicos entre los asistentes: «estuve haciendo un microteatro con mi chico que para nosotros fue muy especial porque trataba de unos temas muy dolorosos y lo intentamos hacer con mucho mimo, era la pérdida de un hijo y se te acercaba gente que le había pasado dándote las gracias por haber tratado este tema tan delicado. Todo esto para mí no tiene precio».

Después de seis años interpretando a Mariana Castañeda en «El Secreto de Puente Viejo», Carlota Baró sabe perfectamente que la televisión es más organizada en ese sentido, sin embargo no tiene la «magia del directo». Por eso, agradece cuando en una serie se encuentra con compañeros que vienen también del mundo del teatro.

En cuanto a Netflix, «ha sido como una nueva ola para todos esos actores o actrices y directores, dramaturgos, que haya ese boom de apostar por la ficción en muchísimas plataformas, que vuelvan a incentivar nuevos proyectos.  Además, Las Chicas del Cable es una serie que está súper cuidada, tiene unos directores de fotografía, de arte, de vestuario brutales, una calidad que en una diaria no se puede porque vas a un ritmo brutal, entonces, claro, es un salto muy bonito y muy especial a la hora de trabajar».

«soy pedagoga y doy clases sobretodo a actores de cuerpo»

En pleno proceso de la cuarta y quinta temporada, no nos adelanta mucho de lo que ocurrirá, pero sí nos puede asegurar que seguirán haciéndonos sufrir: «como en hacen muy bien además, esos giros, que hacen que pueda ser muy chulo. Además, la manera de sacarlo todo seguido creo que tiene un impacto más directo. Puedes estar como Juego de Tronos, que te estás subiendo por las paredes, que también funciona, o presentártelo todo como:»mira, este es nuestro trabajo de principio a fin para que la gente lo pueda ver seguido». Cosa que me parece interesantísima, la verdad».

Entre sus retos futuros, le gustaría seguir en la ola del nuevo panorama de ficción: no hace más que crecer. A mi como actriz me fliparía poder subirme a estas producciones de HBO y Netflix y no parar, pero por otro lado, yo tengo otros proyectos»

Se refiere a su faceta como bailarina y docente: «soy pedagoga y doy clases sobretodo a actores de cuerpo y creo que no me importaría tampoco formar una escuela y ayudar a actores o a actrices a cualquier persona a investigar con el cuerpo y a probar, que es lo que me gusta muchísimo, como complemento de la actuación».

Antes de despedirse para seguir trabajando, nos recomienda el grupo Mumford and sons y su último disco «Delta», que reconoce que lleva días con él en bucle. A nuestra clásica pregunta, responde con algo que afecta principalmente a la cultura: «Más de Cultura y menos corrupción».