Normalmente es al revés, el compositor toca unos acordes que luego pasa al papel para convertir su improvisación en una pieza que cualquiera podría tocar. Pero ¿Qué pasa si el que crea la canción no tiene tantos conocimientos musicales o simplemente un excelente oído? Para eso está Chordify.

Válido tanto para guitarra, piano o ukelele, la plataforma tiene una metodología muy sencilla. Es capaz de transformar cualquier canción que escuche y convertirla en una secuencia de acordes, con su tempo correspondiente. Así, solo con darle el enlace al vídeo o al sonido de la canción que queremos “traducir”, ésta lo convierte al instante y nos muestra una línea de tiempo que se puede reproducir al mismo tiempo de la canción mostrando los diferentes acordes y siguiendo el compás original.

¡Al cuerno con el oído musical! Con esta sencilla plataforma, los músicos amateurs se saltan el paso más complicado y puede acceder a prácticamente todo el registro de canciones con tan solo la dirección URL de un tema en Youtube, Deezer o Soundcloud.

¿Es fiable? Porque todos hemos experimentado los problemas con aplicaciones que traducen el sonido a a texto, que a veces no son del todo fiable. En el caso de Chordify la realidad se asemeja bastante al papel, el único detalle es que sólo traduce los acordes a sus versiones mayores o menores (no registra séptimas o disminuidas). Sin embargo, sirve como referencia para una primera aproximación a tono del tema original.

Para quien no lo esté viendo claro, la plataforma tiene hasta un vídeo tutorial:

 

Y como todo, si uno quiere ser especial, tiene que pagar. La plataforma tiene tanto éxito que ya existe una versión Premium que permite versiones simplificadas de los acordes que más nos cuestan, bajar las canciones a MIDI o PDF, o incluso cambiar la velocidad a la que se reproduce la canción para aprender los acordes más despacio.