“Ojalá me hubiera dado cuenta antes, no siempre lo urgente es lo importante.”
Fito y los Fitipaldis

Después de haber descubierto a Lars Mytting no podía leer sino otra obra suya aunque me costase encontrarla… Y me ha costado, he llegado a tener uno de los mejores libros del año de New Yorker entre mis manos y le he dejado para después, quería leer primero este.

El libro de la madera no es un libro para todo el mundo, no es una novela. Es un tratado sobre la madera, ni más ni menos. Confirma lo que me dijeron hace poco en un curso de storytelling e interpretación del paisaje, que “es más importante cómo se cuenta que lo que se cuenta”.

Leyéndolo me ha recordado a mis tiempos de adolescencia y juventud, me ha recordado esas noches alrededor de una hoguera, cuando todavía se podía hacer fuego al aire libre, en los bosques y en los parques.

En aquellas noches llenas de alcohol y camaradería todos empezábamos a recoger leña de alrededor para alimentar la hoguera, cada nuevo viaje había que ir un poco más lejos para encontrarla e iba disminuyendo el número de voluntarios para ir a buscarla.

Al final, invariablemente, siempre quedábamos mi amigo Moisés y yo como los únicos voluntarios para impedir que la hoguera se apagase, no nos importaba ir lejos a buscarla las veces que hiciera falta para mantener la magia del fuego.

Este libro que trata de la forma de cortar, apilar y utilizar la madera para calentarse, sin ser una aventura novelada, ha conseguido interesar a varios centenares de miles de personas y traducirse a 16 idiomas. Sin embargo, insisto, no es para todo el mundo. Es sólo para los que han aprendido a valorar la magia de la madera y del fuego y del trabajo que cuesta mantenerlo.

Alejado de nuestra experiencia vital, el escritor es noruego y ha llegado a estar a 40º bajo cero, nos conecta con el algo universal, como es la satisfacción del trabajo bien hecho y aquello de cálido, acogedor y vivo que tiene la madera.

Es difícil explicar a mis amigos y familiares que estoy dispuesto a hacer 100 kms diarios y a levantarme a las 6 de la mañana para que mi familia y yo podamos vivir cerca de los bosques que crecen en las montañas de la Sierra de Guadarrama. Sin embargo, quien ha vivido aquí lo comprende perfectamente.