¿Quál es aquella homicida
que piedosamente ingrata
siempre en quanto vive mata
y muere quando da vida?

Esta estrofa es una de las redondillas (cuatro versos que riman en redondo -la cuarta y la primera) incluida en “Los enigmas de la Casa del Placer” escrita por Sor Juana Inés de la Cruz. Dedicada al amor sentido por y para mujeres, cada redondilla supone una adivinanza, un acertijo.

Pensemos que este libro se escribió en el siglo XVII, Siglo de Oro de la literatura española y no pretendía llegar a un público amplio, ni mucho menos. En realidad fue un encargo de la denominada Soberana Asamblea de la Casa del Placer, una peculiar sociedad literaria compuesta por monjas de diferentes conventos de Lisboa, que llevaron a cabo una edición privada del manuscrito. Eran los años 80 del siglo XVII y las monjas ya conocían la poesía de Sor Juana Inés de la Cruz, concretamente los poemas de amor que ésta dedicó a su enamorada: María Luisa Manrique de Lara y Gonzaga, Condesa de Paredes.

Sor Juana Inés de la Cruz

Sor Juana Inés de la Cruz

La historia de amor de estas dos mujeres merece un artículo aparte, sólo decir para quien no lo sepa, que ambas se conocieron en México. La Condesa de Paredes fue virreina de Nueva España de 1680 a 1686 junto con su esposo Tomás de la Cerda y Aragón y se convirtió en mecenas de Sor Juana Inés de la Cruz, editando su primer libro y llevando a España su poesía. Ambas, cultas y muy hermosas, vivieron a su manera una fructífera historia de amor. “Los enigmas de la Casa del Placer” no es ni más ni menos que un volcado en forma de poesía de los sentimientos y experiencias amorosas de esta monja poetisa que las monjas portuguesas tuvieron la inquietud de conocer para darle sentido a lo que ellas mismas experimentaban.

La obra en cuestión es valiente, mordaz, desinhibida y, en cierta manera, traviesa. El enigma siempre es el mismo, sólo que formulado de diferentes maneras a cuál más metafórica. Por tanto la respuesta también se repite. “Los enigmas de la Casa del Placer” se pueden resumir en uno y se llama AMOR.

Una parte del manuscrito, bien protegido a ojos de la Inquisición, se mantuvo escondido durante siglos en la Biblioteca Nacional de Lisboa, hasta que lo recuperó en 1965 el hispanista mexicano Enrique Martínez López y en 1991 lo completó el filólogo Antonio Alatorre junto a otros dos manuscritos encontrados de la misma obra.

Ahora, en 2018 la editorial Sabina recupera el texto completo y lleva a cabo la publicación de este canto al amor, el que Sor Juana Inés de la Cruz sintió intensamente por su protectora y amiga María Luisa Manrique de Lara, Condesa de Paredes y del que hizo partícipe a estas monjas de la Casa del Placer, valientes y rotundas que quisieron entender lo que ocurría bajo sus hábitos y que, desde luego, nos deja con la boca abierta.