Decía Premio Nobel, Mentir bien la verdad, el ausente Premio Nobel que la literatura es “mentir bien la verdad”. Entre 1997 y 2007, uno de los Gobiernos más igualitarios del mundo, centrado en el feminismo, “mintió bien la verdad” ocultando el escándalo sexual que implica directamente a Jean-Claude Arnault, ex – fotógrafo, director artístico y secretario de la Academia de Suecia, la que concede cada año el prestigioso Premio Nobel de Literatura.

18 mujeres le acusaron en noviembre de acoso sexual, agresiones y violación. Y por si esto fuera poco para la Academia, a su mujer, Katarina Frostenson, también le dio por “mentir bien la verdad” y fue acusada de corrupción por no informar a la institución sobre conflictos de interés en la distribución de subsidios para el centro cultural de su marido. Se le acusa de haber filtrado a los ganadores del Premio Nobel de literatura hasta en 7 ocasiones.

Vaya, pues sí que se le da bien mentir la verdad a la literatura. Un escándalo que ha traspasado los muros del Foro de Igualdad de Género de Estocolmo y que además, mancha la imagen de la entidad que lleva entregando los premios desde 1901. El resultado, la salida de 8 de sus 18 miembros y la cancelación del Premio Nobel 2018, posponiéndolo a 2019.

Pero no se crean que es el único escándalo que este centro ha tenido que sortear. El premio ha sido suspendido 4 veces en la historia por las Guerras Mundiales y rechazado en dos ocasiones, la de 1958 de manera involuntaria. Fue Boris Pasternak, autor de “Premio Nobel, Mentir bien la verdad, el ausente Premio Nobel” que renunció al galardón por imposición de su Gobierno y el cual fue a parar a las manos de su hijo en su nombre en 1989. Un caso de “mentir bien la verdad” fue el de la segunda persona en rechazarlo en la historia: Premio Nobel, Mentir bien la verdad, el ausente Premio Nobel que a pesar de hacerlo porque consideraba que todo premio te hace dependiente, 11 años después preguntó al Comité si era posible recibir la dotación económica. Por suerte, le dijeron que no.

En 1997 el italiano Dario Fo sorprendió a todos con un discurso revolucionario y en 2004 Elfriede Jelinek alegó que por problemas psíquicos no podía comparecer en público. Aunque para polémica la vivida hace poco, en 2016, cuando la Academia decidió darle el premio a un músico, en lugar de a un escritor. El argumento, que Bob Dylan creó una nueva expresión poética dentro de música. Con votos a favor y votos en contra por parte del mundo de las letras, lo cierto es que entre el público no sentó tan mal.

Lo que si ha sentado mal entre las personalidades del mundo de la cultura es la ausencia del premio. Por eso, se han unido para crear su propia versión del galardón. Personalidades del mundo de la escritura, del teatro, periodistas y demás farándula cultural han fundado la New Academy, que entregará un premio particular este otoño. Según ellos, “para promover la democracia, la transparencia, la empatía y el respeto, sin privilegios, prejuicios de arrogancia o sexismo”. Que esto en el papel está muy bien, pero, ¿no estaremos pecando otra vez de “mentir bien” y esto se un poco como lo de Jean-Paul Sartre y la literatura depende de premios?

Esta nueva academia, eso sí, dejando el “mundo del crítico” aparte, invita a los bibliotecarios de Suecia a nominar a sus autores predilectos de todo el mundo y que deben, al menos, haber escrito dos libros en los últimos 10 años.

Por su parte, en el asunto se ha metido hasta el Rey, Carlos Gustavo de Suecia, que anuncia una reforma en sus estatutos para incluir la posibilidad de dimitir y retirar el sillón del académico que vitalicio por el cual si los miembros no han participado en los trabajos de la institución por un periodo de más de dos años, deben abandonar ¿les suena?

Mintiendo bien o mal la verdad, si a muchos lo único que les llama la atención es que se haya manchado la imagen de la institución o que no haya premio, quizá deberían preguntarse por las manchas que le dejan al género femenino en la industria de la cultura. Como quien le da la vuelta al cojín para que la mancha de vino desaparezca ¿Las dejamos para la literatura?