Para alguien ajeno a todo lo tecnológico, quizá el término NFT le suene como todo, un concepto más derivado de las compras por internet y el resto de las transacciones que se generan en la red. Pero, ¿Y si les decimos que mediante las NFT uno puede vender la autenticidad de algo intangible?

Podría ser ciencia ficción, incluso una especie de trabalenguas pero es más real de lo que parece. Las siglas NFT nos llevan a su significado desglosado: Tokens no fungibles. Son una serie de activos criptográficos basados en blockchain con códigos de identificación y metadatos únicos. Estos códigos son los que los distinguen entre sí.

La tecnología blockchain sobre la que ya se basan las criptomonedas es la clave que genera la confianza en el usuario de que esa obra es única. Pero los NFT se diferencian de las criptodivisas en que no pueden comercializarse ni intercambiarse en una oficina de cambio. No pueden tampoco dividirse.

Por eso, todas estas características los transforman simplemente en piezas de coleccionismo. La diferencia con las piezas que hemos conocido toda la vida como piezas de coleccionista es que ahora, estos objetos pueden ser digitales y, por lo tanto, intangibles.

Una serie de metadatos insertados en el archivo digital que se pone a disposición y venta que aglutina un número infinito de especificaciones tales como la firma del creador, su fecha de diseño, cuando se ha adquirido…etc. Hay quien ya los está comparando con pasaportes digitales porque contienen identidades única y son extensibles, es decir, que se puede combinar una NFT con otra para engendrar una tercera NFT única.

Así, cada NFT es único y le otorga a cada archivo digital la cualidad de poder ser un artículo de colección. Y cuando hablamos de artículo nos referimos a cualquier cosa, puesto que hay memes, gif, obras de arte, clips de audios y vídeo…incluso un tuit se convierte en algo coleccionable gracias a la autenticidad.

El origen podría estar en los gatos

Sí, sí. En los gatos, en concreto los cryptokitties que fueron lanzados en noviembre de 2017. Se trataba de unas representaciones digitales únicas de gatos. La metodología fue similar al funcionamiento de los míticos tamagotchis pero con una estética similar a la marca Pokémon.

cryptokitties

Este concepto fue desarrollado por Dieter Shirley y cada gato era único partiendo de un precio de 12 dólares pero que podía llegar hasta los 95.000. La iniciativa dio lugar a cosas que parecerían ciencia ficción, como por ejemplo que los gatitos se reproducían entre ellos, producían nuevas crías con distintos atributos y que consiguieron que en las primeras semanas de lanzamiento los fans se llegaron a gastar unos 20 millones de dólares solo en comprarlos alimentarlos y cuidarlos.

Se abre así la puerta a los usuarios para poner en venta piezas digitales que además de ser originales tienen un sello de autenticidad gracias a las NFT. Las marcas han sido las primeras en sumarse al carro para tratar de encontrar la rentabilidad de esta práctica. Por ejemplo, la NBA ha puesto a la venta clips de los partidos.