José María Litarte es el director del Museo Arcade Vintage de Alicante, el primer museo en España dedicado al videojuego. Lo que empezó como una pasión recogiendo máquinas recreativas se ha convertido en su vida.

Todos los nacidos en la década de los setenta y ochenta recordarán con nostalgia las máquinas recreativas y los primeros videojuegos que salían al mercado. Ahora, ese mundo ha evolucionado enormemente pero juegos como el comecocos ya son parte de la historia del entretenimiento contemporáneo. Recordarlos y preservarlos es parte del trabajo del Museo Arcade Vintage de Ibi, Alicante.

El Museo es la evolución del trabajo de la asociación cultural Arcade Vintage, presidida también por Litarte, con quien hemos hablado en Más de cultura para que nos cuente un poco más sobre este proyecto.

¿En qué momento tu pasión por el mundo de los videojuegos se convierte en tu trabajo?

En 2013 fundé la asociación junto a mi hermano. Siempre nos han gustado los videojuegos, sobre todo en la época de nuestra juventud. En 2013 estaba investigando en Internet y descubrí que aun existía una escena de este tipo de juegos. Vi que aun había gente que tenía una máquina en su casa, que era lo que habíamos soñado nosotros toda la vida. Yo trabajaba como jardinero y no tenía ni idea de que esto estaba sucediendo y me quedé muy asombrado. Entonces mi hermano y yo compramos la primera máquina en Elche, una tecnausa.

¿Con qué objetivo empiezas a comprar máquinas recreativas?

Con tener un local con amigos. Mi madre tenía un local en Petrer (Alicante) y yo le comenté que si me lo podía dejar para tener unas máquinas allí  y juntarme con los amigos de toda la vida a jugar. Así empezó la cosa, se empezó a unir gente por Internet de foros como Retrovicio, Arcade Forever, Zona Arcade… ahí empecé a conocer a gente. En esos momentos empecé a comprar bastantes máquinas y cada vez venía más gente de Alicante, Murcia… cuando ya éramos unos cuantos decidí crear la asociación.

¿A qué se dedica la asociación Arcade Vintage?

La asociación tiene un local propio en Petrer, donde hemos hecho prácticamente todas nuestras acciones y donde nos juntamos todos los sábados. Cuando no nos cabían más máquinas porque se nos quedaba pequeño me acerqué a Alicante a hablar con el concejal y exponerle que teníamos un potencial enorme. Eran muchas máquinas y surgió la idea de crear el primer museo del videojuego. Aunque en ese momento no pudo ser teníamos la idea.

Después de eso hablé con varios socios y les propuse hacer un dossier más profesional para presentarlo a los ayuntamientos. Nos planteamos Ibi porque tenían el Museo del juguete y al hablar con ellos les gustó mucho la idea.

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¿Qué nos podemos encontrar en el Museo Arcade Vintage?

Se pueden ver videojuegos desde principios de los años setenta hasta la actualidad. Nos centramos en máquinas originales. Muchas vienen de Estados Unidos y de Japón, ese es el principal atractivo del museo. Nosotros ofrecemos que estés con tus amigos, que los veas cara a cara. Es crear una comunidad.

¿Qué tiene de especial el mundo del arcade?

Para mi lo que más llama la atención es el haber conocido a tanta gente en este mundillo y haber creado un contacto con todas estas personas para, entre todos, sacar esto adelante.

Hay juegos universales como el comecocos. Son juegos muy fáciles a los que llegar, en los primeros 10 segundos ya entras en el juego. Pero después es difícil alcanzar ciertos niveles. La curva de dificultad en los videojuegos de arcade es muy bajita al principio para que todo el mundo entre  y se vicie y luego va aumentando.

El documental Arcadeología de Mario-Paul Martínez se centra en la preservación del legado del videojuego en España y vosotros sois una parte fundamental de ello, ¿cómo surge involucrarse en su proyecto?

Hace tres años nos invitaron a  presentar nuestro proyecto en FantaElx, el Festival Internacional de Cine fantástico de Elche, y allí Octavio, que era el secretario de la asociación conoció a Mario. Tras eso me comentó que había conocido a un director de cine al que le había encantado nuestro proyecto. Un año después nos llamo Mario y nos dijo que había conseguido una subvención para hacer le documental, así empezó todo.

¿La sociedad es consciente de que el mundo del videojuego es un bien cultural?

La gente de nuestra generación (nacida en la década de los ochenta) creo que sí. Cuando yo empecé había muy poca gente que conservaba máquinas originales. Lo que hacían muchos era coger un mueble original, sacarle la placa y ponerle un ordenador, un multijuegos. En la máquina original solo puedes jugar a un juego y hoy en día lo queremos todo. Yo vi muchas cosas que te hacen pensar, máquinas que habían sido destrozadas para meterle un vinilo del Barça o de Dragon Ball. La gente no era consciente de lo que estaba haciendo. Así las máquinas perdían su valor. A partir de nuestra asociación la gente va tomando conciencia de que un interés cultural.

Cuándo habláis de preservar el legado del videojuego, ¿a qué os referís exactamente? 

A todo. Queremos preservar ese juego tal y como fue cuando salió a la luz. Si juegas en un ordenador o en un panel multijuegos todo cambia. Lo que hacemos es intentar preservar toda la información de ese juego, de esa programación. Sabemos que lo que hacemos nosotros es complicarse la vida porque ya solo los monitores pesan mucho y funcionan diferente pero ese es el juego y el legado que queremos conservar.

¿Qué tipo de público encontramos en el Museo Arcade Vintage?

Vienen muchas familias y también personas especializadas que quieren ver las máquinas tal y como eran: el sistema, el modo espejo… Los padres están entre los 40 y 50 años y disfrutan con la nostalgia. Mientras los niños lo hacen con algo que no habían visto en su vida, que les sorprende.

¿Más de cultura y menos de qué?

Pediría más cultura y más sociabilidad. Hoy en día los juegos son muy de meterse en una casa y aunque haya mil personas detrás de Internet todo es más solitario.